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¡Holi bravas!

Para que tenga sentido este artículo, tenéis que leer el primero, que es un artículo en el que cuento los antecedentes un poco desteñidos y hospitalarios que ocurrieron en mi casa, y que sin duda, sembraron semillitas de Vé Design. En esta ocasión os contaré cómo fue naciendo la marca personal de mi vida casi sin darme cuenta. Creo que necesitaré otro artículo más para terminar la historia. ¡Ahora lo entenderéis!

Dejé el artículo en ese 25 de junio de 2017, en el que mi padre se fue al cielo tras meses de cáncer, poca paz y buscar confeti y paletas de colores en cada esquina de las consultas de especialistas, de sesiones de radioterapia y nuestras manos.

experiencia marca personal 3

Después de aquello, estuve una semana y pico sin ir a la oficina con mis compañeros (que por cierto, se enteraron esa misma semana de lo ocurrido). Nunca fui capaz de explicarles mi día a día y lo que estaba viviendo. Tan duro, tan triste… que me pareció buena opción intentar ser Penélope Cruz durante casi 3 meses en la oficina y al menos, tener un oasis de “luz”. Obvio que salió mal. Y por eso, chicas de Attiva, nunca me cansaré de pediros disculpas por no abrirme y contaros lo que ocurría, yo era otra persona… callada, angustiada y no creo que ni siquiera fuera buena en mi trabajo, no supe trabajar bien en equipo porque tenía la cabeza en otro lado y el corazón muerto de miedo.

marca personal vedesign

Quiero dejarlo por escrito para que no os olvidéis. Os quiero mogollón.

Continúo. Fue una época extraña y de la que tengo lagunas, la verdad. Ese verano lo recuerdo yendo los findes a la playa con Juanma pero como una zombi y recuerdo también a mi amiga Lau sacando un billete a Fuerteventura para mí y comprando por aliexpress un unicornio gigante, jaja. Miro atrás y sé que no me apetecía ir, sé que no tenía demasiadas ganas de fingir felicidad. Pero supongo que Lau siempre ha sabido cómo curarme por dentro. Tal y como hace Lucía, bueno, ella es Mou y es la mejor cómplice. Y entre ellas, las olas, el resto de amigos, Juanma y mi familia (emojidecorasao), fui superando el duelo. Fuimos superándolo muy poco a poco.

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Nosotras (sobre)viviendo

Es importante explicar que siempre llevaré ese agujero en mí. La diferencia es que ahora recuerdo a mi padre siempre sonriendo y cuento muchísimas anécdotas y momentos estelares que nos regaló.

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Por supuesto, dejé de coger encarguitos de Vé Design y llegué a pensar que era un poco estúpido tener una cuenta de dibujos cuando ya tenía un trabajo y un sueldo fijo. Pero bueno, me desahogaba y no la cerré porque a mi padre le gustaba, me animó a crearla y me hacía dibujar todo el rato. Os enseño algunos dibujos de aquella época.

Pintaba muy poquito, de hecho recuerdo que los primeros meses NADA. Después lo fui retomando y recuerdo aquellos ratos y esos dibujos muy intensos, lloraba mucho mientras lo hacía. Mirad qué diferencia con los de ahora, jaja (estoy flipando).

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Como ya os he adelantado, en agosto me fui a Fuerteventura llorando en el avión, pero sin duda, he de admitir que fue el viaje que me salvó o que al menos, me hizo ver que la vida es bella y que mi padre me cuida…

Y os preguntaréis… ¿qué pasó? Pues que fuimos a COFETE, la playa que te ensancha el alma y que me hizo ver que a mí el arte y la naturaleza me curan. Y allí estuvimos con nuestro unicornio, viendo todo desde otra perspectiva.

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Así fue como empecé a tener ganas de buscar la belleza en la naturaleza. A raíz de ese viaje no dejé de hacer planes así, me llenaba de playas, montañas, cascadas, ríos y flores.

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Por eso pinto tanto todo esto (ahora lo entiendo). Y en cada rincón, sentía más cerca a mi padre.

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post antiguos

Sigo. Pasaron los meses y supongo que el dolor pesaba menos, trabajaba feliz aun sabiendo que no era el trabajo de mi vida, pero todo pasa por algo, y ese puesto de redactora en 2017 también hizo que mis días fueran más sencillos y divertidos, porque más no me he podido reír allí. Mis amigas de Madrid me mandaban mensajitos, mi madre me daba abrazos y mi hermano también. Y llegó 2018 y todo mejoró.

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Y no sé por qué, empecé a dibujar más y más, quería ver museos sin parar, me entró una ola creativa muy fuerte. Nunca podré llegar a explicar qué me pasó.

Pero ocurrió, me latía el arte dentro, me hablaba y empecé a convertirme en algo así, de manera sutil y sin ser consciente de ello ¿veis los colores? 🙂 me bauticé con eso en la frente pa’ siempre, Y NO LO SABÍA.

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Al llegar el verano de 2018, sentí que ese trabajo ya había cerrado su ciclo conmigo, que ya no tenía sentido seguir. Quería darle un giro a todo, pero ni idea de cómo… porque seamos realistas, Vé Design era 10 encarguitos al mes y vendía algunas láminitas, tenía una máquina de cortar que me regaló mi padre y que es la que usamos hoy en día, frases bonitas y ese afán por pintar hasta en la ofi con muchas ganas, pero solo eso. Y pocos me entendían (normal jajaj).

Mi tío me dio un buen discurso en el que me quiso quitar la idea de hacer esa locura de dejarlo todo por un sueño sin mucho futuro (me dolió, pero no le faltaba razón) tal y como estaban las cosas a nivel laboral en España, y bueno, fui aguantando, hasta que me fui a Nueva York ese verano. Y tías…¡TÍAS! que ahí, explotó la vida, el color y encontré el camino, el mío y el de Vé Design.

(continuará…)

PD: me ha costado 2 años escribir la segunda parte, espero no tardar tanto para la tercera (: Pero sentía y siento, que tengo que compartir todo esto para que entendáis mis dibujos un poco más. Os quiero mucho y os espero en Instamal.

Un besazo

Vera

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