Vé Design nació en los pasillos de un hospital… esta es la historia de mi marca personal.

Holi. Aquí me hallo, la reina del drama “pinceril”, la tía que para no hablar se inventa cuadros y pinta su marca con pelos de loca en stories. Vé Design tuvo un comienzo agridulce, muchas lo sabéis, otras puede que no.

Me considero periodista y comunicadora, eso ante todo (o eso parecía). No he estudiado bellas artes, diseño gráfico o marketing de ventas, de ese que te venden por cada esquina de Instagram. Al caso, siempre he dibujado, siempre he creado cosas.

Pero no entraba en mis planes Vé Design a tiempo completo, a mí me empezó a brotar todo en una sala de hospital. Y siento si suena crudo y poco colorido, vamos, triste. Al perder casi todo el color, como cuando mezclas con agua y lo pasas al papel… tenue y frágil, sentí que quería expandirlo más. Esta es mi historia.

Enseñar una ilustración del proceso de mi marca personal
La vida da vueltas y yo no pintaba flores, quería escribir.

A finales de 2016 dejé un trabajo que no me hacía nada feliz, llevaba casi 2 años escribiendo sobre fiestas de salsa en una aplicación que jamás triunfó (aunque me decían que sí, que tuviera paciencia). Me creí todo lo que me dijo aquel jefe, en aquel dichoso coworking: “no estás preparada para llevar comunicación ni escribir por tu cuenta en nuestras redes, rellena y copia información en la aplicación y ya está, con el tiempo quizás sí”. Yo asentía frustrada y ya está.

Me lo grabé fuerte aquella vez pero hoy me río al ver lo que ha conseguido en mí. Y llegó el monstruo en diciembre. Mi padre enferma de cáncer, la vida se me para un poco y dejo el trabajo para estar más con él en casa. Me despedí de todos y recogí mis cosas como en las películas americanas, con una caja. Fin. Le operan en enero de 2017 y en esos días, muere mi perra, mi pastor belga, mi Loba. Boom. Mi padre sonríe tras su cirugía, parecía bravo y colorido y yo empiezo a echar CV sin parar para pintar la vida azul.

Y ahora os narro la versión rápida mi cuadro más tenebroso para que entendáis por qué AMO el color.

Blanco Sencillo Vertical Tu Historia
Mi estuche favorito para siempre.

Abril 2017, tras varias entrevistas encontré trabajo. Redactaba cursos de formación de temas de todo tipo y mi padre se alegró, me compró un estuche de Bimba y Lola color rosa fluorescente, una máquina para cortar láminas (yo pintaba algo, poco, por hobby, la cuenta existía, tenía algunos encargos), mi padre veía más allá y esa máquina vive hoy pegada al estuche de Bimba.

A pesar de todo, él sabía lo que sucedería, sabía que yo no podía trabajar para nadie, sabía que yo valía para crear, para pintar, para todo lo que me propusiera, pero me veía feliz en aquel momento con mi nuevo trabajo y solo iba, en segundo plano, preparándome el terreno para Vé Design.

Fallece mi abuela. Boom.

Mayo. Empeoró todo. Juanma me hacía sonreír a ratos, me preparaba espaguetis de los que me gustan para que cogiera algún kilo (me quedé canijita por ansiedad) y veía en sus ojos el miedo de mi próxima versión tras el desenlace. Pero no le dije nada. Mis mejores amigas me daban abrazos a distancia.

Junio. Hospital, estrés, y show en el trabajo sin hablar con nadie. Mi padre nos pedía helado para cenar y a mí algunas acuarelas de los árboles que le gustaban del jardín. Día tras día, agotada tras trabajar, iba a esa habitación. Hacía dibujos y los dejaba a medias en el Ipad Mini. TODOS sin excepción, no quería más finales, no quería aquel final. Si no acababa dibujos tampoco tendría por qué acabarse eso de ver a mi padre, ¿verdad? una lógica aplastante. Un día dejó de pedir helado y yo me pinté en un columpio. Todo iba a peor. Os enseño algunos más.

Blanco Sencillo Vertical Tu Historia
Dibujos de etapa hospital. Tardaba mucho en acabarlos. La frase del colibrí la dijo una de esas enfermeras heroínas que no olvidaré nunca.

Sábado 24 de junio. Estaba en casa, en la piscina, sentí la brisa y el calor a la vez, y me dije: respira hondo. Saqué una foto a las buganvillas rosas (del color del estuche de Bimba) y las subí a mi Instagram personal. Respiré con fuerza y me puse a bucear un buen rato, quien me conoce sabe que nunca me gusta mojarme el pelo porque es un rollo después y soy un león de la sabana. Pero ese día necesitaba otro planeta, con el tiempo me di cuenta de que ese día me inventé un ritual de supervivencia para lo que se me venía encima.

Flores que hay en mi jardín. Buganvillas para mostrar el proceso de mi marca personal.
Buganvillas del jardín, imagen que subí a mi Instagram personal aquel día. Día: “respira hondo”.

Esa noche me quedé a dormir en el hospital y mi padre, entre sueños y pinceladas, nos dejó. En el pasillo del hospital estaba el cuadro de Gustav Klimt del árbol de la vida, qué ironía. Supongo que yo también me fui con él y con nuestro jardín de acuarela. Y que ahí empezó mi revolución, acabé uno de los dibujos… a todo color. El color que me dio él.

Ahí nació brava y colorida… os juro que todo lo que veis es él en mí, yo solo pongo las manos. Y no, no volví a pintar en meses.

(Continuará)

Ilustración sin título
Mi padre y yo, hoy.

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